martes, 6 de enero de 2015

Zapato vacío

Tampoco hay mucho espacio
para la chancla. Foto: Baer
Así como me dijeron que llegaban, se fueron y no tuve la oportunidad de pedirles todo lo que pensé durante el año; pese a mi reticencia sobre lo que seguimos considerando tradiciones nacionales, mi espera por los reyes de oriente sigue manteniendo la ilusión de cuando era un infante ferviente creyente de los viajes intergalácticos, en el tiempo y toda la ciencia ficción.
Casi como una concursante de belleza, en algún momento imaginé que sería muy digno el pedir que se resolvieran todos los problemas del mundo; suponía que sacarían alguna especie de varita mágica y que les darían su merecido a todos los malvados de este menospreciado mundo. Mi paciencia tuvo que ceder a un escepticismo que se ha venido arraigando con los años.
Ni se ha terminado el crimen ni los malvados se quieren desligar de los puestos populares de poder; imagino que ellos no creen en los magos, por lo que nunca recibieron regalos de su parte y en consecuencia, pensaron que debían conseguir todo lo que desearon a como diera lugar. ¡Vaya que en eso han resultado muy buenos!
Nada más tuvieron que hacerse cuates sin importarles qué podría suceder con los demás. Total, desde que nos convencieron de ser sumisos y aguantadores, surgieron quienes se aprovecharon de la situación y disfrazaron ambiciones personales como luchas sociales. Con esas prácticas, ¿quién demonios se atreve a pensar que Melchor, Gaspar o Baltazar cumpliran con nuestros deseos. Salud.
Beto

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