| “Le susurró algo al oído mientras una luz tenue iluminaba sus rostros”. Foto: BAER |
Mal comieron y comenzó la chiquilla que, a sus catorce años daba la impresión de ser una actriz consolidada. Se puso lívida y con un simple gesto, puso en alerta a todos los presentes en la mesa; como si se tratara de una rutina ensayada por años, la llevaron en procesión a su recámara en el instante en que Luis, Saúl y el Gato se escurrían hacia la calle. El recorrido hacia Tlatelolco fue tortuoso para Luis que no paraba de preguntar la hora o que si ya habían pasado tal o cual avenida; sin esperar a que el taxi hubiera parado del todo, saltó hacia el arroyo y corrió como loco hacia la explanada con la esperanza de encontrar lo más pronto posible a Isabel. Esquivó, empujó y rodeo según consideraba que las personas al rededor ameritaban tales piruetas.
Pasaron quince minutos antes de que pudiera distinguir al grupo con el que se encargarían de repartir volantes y con alivio, reconoció el rostro que lo había tenido en la incertidumbre total. “¿En dónde te habías metido? Intenté avisarte que me quedaría con Paty en su casa”. Lo recibió la muchacha fingiendo molestia. “Después te cuento, lo importante es que ya te encontré”. Cuatro veinticinco de la tarde y el presentador estaba por darle la palabra al representante del Politécnico Nacional; sus palabras resonaban en todas direcciones; los asistentes -que algunos contaron posteriormente en diez mil- contestaban algunas arengas al mismo tiempo que recibían de varios jóvenes, hojas impresas en stencil (estarcido). Los minutos pasaban sin mayor contratiempo.
Avanzado el discurso del segundo expositor, éste de la UNAM, Luis e Isabel volvieron a reunirse en el punto que habían acordado una vez que terminaran el reparto; sonriendo ambos, se abrazaron como si no se hubieran visto por largo tiempo, lo que aprovechó la muchacha para susurrarle algo al oído. “¿Es cierto eso?”, exclamó Luis feliz mientras sus rostros se iluminaban con una luz tenue emanada de cuatro bengalas disparadas hacia lo alto de la Plaza. De pronto el caos; sin saber cómo, ambos fueron arrastrados por la muchedumbre que corría sin dirección fija debido a unas detonaciones que salían desde diferentes puntos del lugar, su primer impulso fue correr, pero sólo atinaron a tirarse al suelo. Continuará. Salud.
Beto
No hay comentarios:
Publicar un comentario