martes, 14 de diciembre de 2021

La familia Grande 52a. entrega

“Deténganse, las manos en alto”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el mismo instante, un adolescente caía abatido a su lado con la cara ensangrentada. Luis tuvo que asir fuertemente a Isabel para que no se levantara de pronto, a riesgo de ser arrollada por toda la gente llena de pánico, pero también podían ser aplastados si no se quitaban de allí así que, como pudieron, se incorporaron y se dirigieron a toda prisa hacia la parroquia de Santiago Apóstol para salir por la calle de Almacenes y de allí hacia Flores Magón, al menos ésa era la idea. No pudieron llegar puesto que dos mosquetones 762 empuñados por dos soldados, les impidieron el paso “deténganse, las manos en alto”. De inmediato obedecieron la orden sabedores de que no había alternativa salvo ser acribillados a balazos.

Desde su posición, vieron cómo toda una columna copaba todo el largo de la explanada obligando a los manifestantes a retraerse hacia el centro; no era claro si por miedo o por desobediencia, los que mantenían su intento de escapar, de pronto caían tiñendo de rojo las baldosas. El ejército disparaba en todas direcciones, incluso hacia los pisos superiores del edificio Chihuahua; el fuego cruzado cobraba a cada segundo más víctimas sin que se percibieran que éstas hubieran estado realmente armadas. No sólo eran estudiantes, también amas de casa y trabajadores salían heridos por la metralla. “Caminen, no se queden viendo”. Ambos sintieron cómo la cacha del arma se encajaba entre sus escápulas.

Luis trató de tomar la mano de Isabel cuando casi llegaban a integrarse a un grupo de jóvenes también custodiados por varios militares, pero el golpe en la cara con un rifle se lo impidió, la muchacha sintió cómo otro golpe asestado en su vientre ahogó el grito de angustia que estaba por salir de su boca. Luis apenas pudo levantar la mano derecha “no, en el estómago no”. Vio a Isabel en posición fetal recibiendo una patada en la región occipital antes que él mismo perdiera el conocimiento por otro golpe. En otro lado de la explanada, Saúl y el Gato, agazapados detrás de una de las escaleras de acceso al edificio Nuevo León, esperaban la oportunidad para salir del infierno desatado tan inesperadamente, de pronto, una maleta cayó por el hueco abriéndose totalmente.

Parecía pertenecer a una pareja de ancianos, pero no era tiempo de averiguar, de inmediato Efraín la jaló hacia sí y comenzó a buscar algo que pudiera servirles. Los nervios y el miedo no le permitían a Saúl entender qué era lo que su amigo pretendía, no reaccionó hasta que Efraín le enfundó en un vestido gris y le colocó en la cabeza un velo negro “Arremángate el pantalón y pónte esos zapatos”. Cuando volteó a verlo, el Gato ya tenía puesto un sombrero y un suéter y se cubría el rostro con un paliacate. Una mirada de súplica le dio a entender que lo que intentaba era una locura, pero no había tiempo para pensar, era eso o morir allí mismo. “No puedo, no puedo”. Un golpe de puño en la rodilla lo convenció y sirvió para fingir un paso cansino. Continuará. Salud.

Beto

martes, 7 de diciembre de 2021

La familia Grande 51a. entrega

“Le susurró algo al oído mientras una luz tenue
iluminaba sus rostros”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La noche terminó sin que Luis o los otros pudieran calmarse del todo; localizar a Isabel fue prácticamente imposible y sólo quedó esperar a que se dieran las tres de la tarde para que se pusieran en camino a la Plaza de las tres Culturas pero las manecillas se movían desesperadamente lento en cada reloj que los muchachos revisaban; sabedores de que sus padres se opondrían a que salieran ya que el ambiente se tornaba cada día más turbio, se pusieron de acuerdo con Sofía para que ésta los entretuviera mientras el Gato con sus compañeros se escapaban por el patio trasero, aunque eso significaba tener que comprarle dulces por toda una semana. Ella, ignorante de la situación, no tardó en urdir una estratagema para mantener a sus papás en su cuarto.

Mal comieron y comenzó la chiquilla que, a sus catorce años daba la impresión de ser una actriz consolidada. Se puso lívida y con un simple gesto, puso en alerta a todos los presentes en la mesa; como si se tratara de una rutina ensayada por años, la llevaron en procesión a su recámara en el instante en que Luis, Saúl y el Gato se escurrían hacia la calle. El recorrido hacia Tlatelolco fue tortuoso para Luis que no paraba de preguntar la hora o que si ya habían pasado tal o cual avenida; sin esperar a que el taxi hubiera parado del todo, saltó hacia el arroyo y corrió como loco hacia la explanada con la esperanza de encontrar lo más pronto posible a Isabel. Esquivó, empujó y rodeo según consideraba que las personas al rededor ameritaban tales piruetas.

Pasaron quince minutos antes de que pudiera distinguir al grupo con el que se encargarían de repartir volantes y con alivio, reconoció el rostro que lo había tenido en la incertidumbre total. “¿En dónde te habías metido? Intenté avisarte que me quedaría con Paty en su casa”. Lo recibió la muchacha fingiendo molestia. “Después te cuento, lo importante es que ya te encontré”. Cuatro veinticinco de la tarde y el presentador estaba por darle la palabra al representante del Politécnico Nacional; sus palabras resonaban en todas direcciones; los asistentes -que algunos contaron posteriormente en diez mil- contestaban algunas arengas al mismo tiempo que recibían de varios jóvenes, hojas impresas en stencil (estarcido). Los minutos pasaban sin mayor contratiempo.

Avanzado el discurso del segundo expositor, éste de la UNAM, Luis e Isabel volvieron a reunirse en el punto que habían acordado una vez que terminaran el reparto; sonriendo ambos, se abrazaron como si no se hubieran visto por largo tiempo, lo que aprovechó la muchacha para susurrarle algo al oído. “¿Es cierto eso?”, exclamó Luis feliz mientras sus rostros se iluminaban con una luz tenue emanada de cuatro bengalas disparadas hacia lo alto de la Plaza. De pronto el caos; sin saber cómo, ambos fueron arrastrados por la muchedumbre que corría sin dirección fija debido a unas detonaciones que salían desde diferentes puntos del lugar, su primer impulso fue correr, pero sólo atinaron a tirarse al suelo. Continuará. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...