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| ¿Terminada la era de la socialité? Fotos: Noticias Voz e Imagen y Periódico Correo. Baer |
Sus razones las tienen bien fincadas desde hace más de quince siglos, razones que los mortales de a pie no podemos entender y, entre más le rascamos, menos claro nos queda; se está volviendo costumbre enterarnos que dentro de los ámbitos del poder, no existen los castigos como tales, sino alguna especie de jalón de orejas y la profiláctica destitución o el cambio de puesto.
Políticos y clero hacen uso de las mismas tretas para esconder lo que les avergüenza sin importar la indignación de quienes son sus sujetos de protección y guía; apuestan a la ya arraigada amnesia social para dejar impunes sus atentados en contra de sus contrarios -o peor, en contra de sus seguidores-, porque para agredir, agarran parejo.
Cambiamos de obispo por camplacencia de los altos jerarcas de la Iglesia católica, se apagó el escándalo y consecuentemente, las víctimas del estupro clerical tendrán que conformarse con el consabido atole dactilar, después de declaraciones atemporales y fechas que quedan ahí como mero pretexto para no tener que hacerse cargo de su proclamada ignorancia.
José de Jesús Martínez Zepeda deja a una diócesis acostumbrada a la frustración, que no chista porque su muy cristiana resigación le impide protestar por lo que es justo, que nunca ha encontrado argumentos ante los abusos del poder. Enrique Díaz Díaz se encontrará, quizá, con la docilidad de una feligresía acuñada por siglos de indolencia diocesana. Salud.
Beto

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