martes, 26 de mayo de 2015

Un mundo nos vigila

Hay niveles, pero ¿seremos víctimas de
espionaje? Foto: Baer
Desearía ser lo más ecuánime posible, pero mis tendencias hacia las teorías de la conspiración, están demasiado arraigadas. Culpa de ello la tienen la inacabable estadía en la crisis y los constantes periodos de violencia que tenemos en el país. Si de alguna manera creyera en la reencarnación y mi pesimismo imperara inclusive en el más allá, seguramente reencarnaría en la célebre burra arisca.
Recibí una llamada telefónica de parte de una señorita muy amable que representaba al partido Verde, cosa que no me extrañó, puesto que se han avocado a la tarea de tratar de marearme con una retahila de mensajes por correspondencia analógica donde suponen que yo soy parte de la organización, (si no, ¿por qué me insultan diciéndome afiliado?) lo que me tiene al filo de la butaca en que las preguntas sólo eran la reiteración de lo que ya recibí.
Estoy de acuerdo en que se debe dar un seguimiento a todas las acciones publicitarias o propagandísticas (que éste es el caso) que se lleven a cabo, pero cuando se trate de algo que valga la pena y no en la repetición de lo que vemos como campaña por televisión o escuchamos en radio. Algunas veces me da la impresión de que en verdad no saben en qué gastar el dinero.
El caso es que, volviendo a lo de la paranoia y en el ambiente del espionaje telefónico, se me hizo muy raro que la formulación de las preguntas fueran para que mis respuestas sólo fueran un "sí" o un "no". Para quienes entendemos el mecanismo diríamos en primera instancia que son las respuestas más sencillas de tabular, pero con lo que se ha vivido, quizá sirvan para otras cosas.
Es en estos tiempos en los que ya no sabemos si se nos está grabando y al haber aceptado que el nombre que pronunció era el mío, junto con los monosílabos que emití después, existe la posibilidad de que con ello editen mis respuestas y luego presuman de que en verdad acepté ser parte de su partido. O cosas peores. Paranoico y todo, pero apartidista, que conste. Salud.
Beto (BdI)

martes, 19 de mayo de 2015

De joven... cirquero

Franco y Teo, dos muestras de la comedia
actual. Fotos: Google
No es mi papel poner en tela de juicio la utilidad de quienes se dedican a divertir a los demás, ya sea con sus habilidades motoras o discursivas, pero aparte de producir risas, ¿qué otra cosa pueden hacer?; una cuestión que, si revisamos los menesteres de juglaría, podríamos caer en la cuenta de que eran precisamente quienes entretenían a los reyes, los que imponían un colchón antiguerra.
Corrían, eso sí, el riesgo de caer en desgracia y ser decapitados por no cumplir con su cometido, pero los que lograban limar las asperezas que producía el puesto de monarca, podían aspirar a mantenerse en un lugar algo privilegiado, aunque esto no significara que tendrían lujos ni gozarían de viandas o mujeres a su contentillo. Podían conformarse con mantener la cabeza en su lugar.
Así entonces, mientras más risas provocaban en sus soberanos, éstos pensaban menos en hacer la guerra a sus vecinos o al menos no hacerlas tan cruentas. La violencia es más entretenida algunas veces que una buena broma. Fueron esos tiempos de reacomodo intelectual en los que se sentaron las bases para lo que después conoceríamos como el clown.
Las caravanas tanto en los bosques como en los desiertos, tenían en sus haberes gente que se disponía a ganarse la vida sacando materialmente una sonrisa a la población menos protegida de esos tiempos (curiosamente nunca ha desaparecido) algo que no era del todo remunerado, pero que permitió el desarrollo de la imaginación para crear mejores situaciones cómicas.
Y las desgracias, propias y ajenas, siempre han sido una fuente de inspiración inacabable; ya que pobreza, despojo y desilusión siempre han estado presentes desde que se inventó la guerra, todo el tiempo tendremos gente que se dedique a paliar un poco las desaveniencias sociales. Máxime ahora que ya tenemos diversas formas de comedia, gracias a la red. Salud.
Beto (BdI)

martes, 12 de mayo de 2015

Antes del matrimonio ¿qué?

¿Qué fueron antes de casarse para durar tanto?
Foto: Baer
Hay palabras que incluyen a más de una persona, que son aglutinantes como manada, parvada, cardumen, incluso las hay que no necesariamente se refieren al número impreciso de individuos que intervienen, como por ejemplo amistad. No se puede uno calificar de amigo si no existe alguien en quien depositar el afecto resultante.
En varias oportunidades he afirmado que tal acción (la de ejercer la amistad) está sobrevalorada al igual que la juventud. No se espanten, no quiero decir que no sean importantes, sino que se les ha conferido un halo que dista mucho de ajustarse a las circunstancias actuales de quienes se dicen ser amigos. Para mí que se trata de un ingrediente más de relaciones más elaboradas.
Claro que no hay una receta para hacer que las relaciones humanas se vayan desarrollando de la mejor manera posible ni mucho menos un camino que haya que seguir donde se ilustre qué debe ir primero, si el amor o la amistad. Quienes estén casados estarán pensando en diversas situaciones en las que, si se hubieran dado de otra forma, quizá no se hubieran casado.
Tampoco esto es un foco de alarma, trato de ilustrar la forma más común en que decidimos que alguien debe ser la pareja de nuestra vida y, aunque no he hecho un estudio serio, casi podría apostar en que la mayoría preferimos unirnos a quienes conocemos de primera mano; muy pocos dirán que se casaron con su mejor amigo o amiga.
Bien o mal, funcionan o funcionamos así. Aunque tratemos de hacer un inventario sobre los hechos que nos hacen culpar al otro, por ejemplo la hora del parto. El bebé empieza a coronar después de varias horas de dolorosas contracciones y se oye el grito: "maldito, esto me lo hiciste tú; por tu culpa estoy aquí", dirigido al marido.
El reclamo suena lógico en contra de alguien que está cubierto de huecos no aclarados por sobreentendidos que heredamos de las concepciones acerca de nuestras relaciones. Si esa pobre mujer del berrido se hubiera casado con su mejor amigo, ¿sería capaz de proferir semejante reclamo? Sólo un pequeño ejemplo para la polémica. Se los dejo al costo. Salud.
Beto (BdI)

martes, 5 de mayo de 2015

Ignorancia rampante vs burocracia extrema

Y cuando inventas algo, no
falta quien te diga: ¿qué
tanto puedes sacar con eso?
Foto: Baer
Quizá nos hayamos preguntado de dónde nos viene la flojera de cumplir con nuestras obligaciones en tiempo y forma; la mayoría nos conformaríamos con la explicación simple de que así somos, que ser mexicano es ser flojo y que nada va a cambiarnos. Que sólo necesitamos voltear a cualquier parte y nos veremos que todos nos levantamos tarde y cerramos temprano los negocios.
Que nada hay que nos motive a superarnos, pues los empleos son escasos y las oportunidades pocas. Que éste, es un país que deja salir a los mejores cerebros y que es fácil encontrarse con médicos, abogados o arquitectos trabajando de taxistas, pues no fueron capaces de buscar una mejor opción para mostrar sus habilidades como profesionistas.
Que aunque pienses que sólo quien no quiere trabajar, se queda pobre y que lo que sacaría a la nación de la pobreza, es que todo el mundo tuviera iniciativa y tenacidad. Todo cierto, pero en la medida del convencimiento que se tenga de estar en lo que se pensó trabajar. Me explico: la mayoría de los mexicanos estamos trabajando en lo que podemos, no en lo que queremos.
Respuesta simplista: "pues pónganse a trabajar en lo que les gusta", que sería lo más sensato si la urgencia por pagar cuentas (en las que nos metemos los clasemedieros) no fuera extrema. Por un lado, creemos que el trabajo siempre es mejor cuando se está dentro del sistema establecido, es decir, en un puesto (empleado) donde se goce de prestaciones.
Esto ya de sí, es difícil cuando el número de empresas establecidas en el país no alcanza a cubrir las necesidades de empleo de todos los habitantes, al menos en puestos operarios, ya no se diga de profesionales universitarios. Por otro lado, luchar en contra de los requisitos establecidos por una burocracia anquilosada, de plano desmotiva a cualquiera para abrir negocios.
Si a lo anterior le aunamos que, al pertenecer a una sociedad que no es capaz de exigir (ni de averiguar qué es) lo que por derecho le corresponde nunca entonces, tendrá los suficientes medios para defenderse de lo único que está organizado en México y que es la delincuencia. Con un panorama de esta magnitud, es natural que la desmotivación se imponga. Salud.
Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...